viernes, 9 de julio de 2010

EL PARAISO

La cuestión del futuro

Este nuestro mundo no nos satisface.
La experiencia que tenemos de nuestra vida y de la historia es una experiencia como de una realidad “penúltima”.
Tenemos un deseo que se proyecta más allá de lo que aquí es posible.

La fe cristiana enfrenta, con su reflexión sobre las “realidades últimas”, el originario problema humano del futuro y da un respuesta: la promesa del cumplimiento pleno y definitivo en Dios.

Para los creyentes en Cristo, el futuro esperado ha ya tenido un inicio, una anticipación, una primera manifestación. No es un futuro nebuloso y eventual. Ya existe un signo de un futuro “realizado”

Con la resurrección de Jesús ha iniciado a realizarse el futuro pleno y definitivo de Dios.
El futuro ya ahora actúa con anticipación en la fuerza del Espíritu Santo

La realidad en la que vivimos no se acaba en lo que experimentamos y conocemos. Dios está ya presente: la comunión de vida con Él, en la que el hombre encuentra plenitud, empieza ya en nuestro mundo.

Porque el cristiano espera una justicia, una paz y una felicidad perfectas, intenta ya ahora de ir al encuentro de este “don”, con su actividad comprometida; con mucha dedicación y con la certeza de que todo irá hacia un fin bueno

En la resurrección de Jesús está contenida una promesa para todos: la vida plena, eterna y feliz. Lo que aconteció con Jesús lo tenemos en frente como objeto cierto de esperanza.

No es sólo esto. No se trata sólo de una meta prometida y todavía ausente en nuestro presente. El futuro, más bien, ya actúa ahora, de manera anticipada, en la fuerza del Espíritu Santo

La fuerza de la resurrección está ya actuando en nosotros, en el gozo, en el amor, en la esperanza, en la voluntad y la capacidad de seguimiento de Jesús, en la perseverancia y el compromiso por los demás

Ante que llegue la muerte, la vida tiene un carácter de provisionalidad, es susceptible de revisión, está abierta a diferentes posibilidades. Sólo en la muerte la totalidad de la vida se vuelve definitiva. Sólo de la muerte la vida recibe su carácter definitivo

La proximidad de la muerte da profundidad a la vida: se conduce una vida mejor, el amor se vuelve más profundo, íntimo y apasionado. La vida entera se ve enriquecidaSin muerte en la vida todo quedaría sin “vínculos”, superficial, un juego siempre revocable.
Tenemos un tiempo limitado y, por eso, debemos establecer prioridades...


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