lunes, 31 de mayo de 2010

COMUNICACIÓN Y PODER


Manuel Castells, Comunicación y poder, Madrid, Alianza Editorial, 2009, 670 págs.

(Castells le dedica su libro a Nicos Poulantzas por la teoría del poder de su amigo).

El libro trata sobre las relaciones de poder mediante la gestión de los procesos de comunicación y de cómo los sujetos sociales que buscan el cambio social pueden modificar esas relaciones influyendo en la mente colectiva.

Castells se remite a lo que ya nos ha dicho en otros libros: la estructura social que constituye a la sociedad de principios del siglo XXI es la sociedad red. Una red es un conjunto de nodos interconectados, y las redes procesan flujos. Los flujos son corrientes de información entre nodos. Las redes compiten o cooperan entre sí. Son complejas estructuras de comunicación. La sociedad red es una estructura social multidimensional en la que redes de diferentes clases tienen distintas lógicas para crear valor. Valor es lo que las instituciones dominantes de la sociedad deciden que sea. La definición de lo que constituye valor depende de la especificidad de la red. El valor es una expresión de poder. Los discursos son combinaciones de conocimiento y lenguaje.

En la red la política es fundamentalmente una política mediática. También hay redes de comunicación horizontales. Recuerda que el mensaje es eficaz si el receptor está dispuesto a recibirlo, si se puede identificar al mensajero, y si éste es de fiar (p.22).

El cambio social y político siempre se ha llevado a cabo en todas partes y en todas épocas a partir de miles de acciones gratuitas y, en ocasiones, inútilmente heroicas (p23). Gotas de lluvia terminan por inundar los bastiones de la opresión.

El poder no es una cosa sino una relación; y hay poder que resiste.
La forma esencial del poder está en la capacidad para moldear la mente.
El poder se basa en el control de la comunicación y la información. El contrapoder depende de si puede romper ese control.

El poder es el proceso fundamental de la sociedad, la cual se define en torno a valores e instituciones. Lo que valora e institucionaliza está definido por relaciones de poder. “El poder es la capacidad relacional que permite a un actor social influir de forma asimétrica en las decisiones de otros actores de modo que se favorezca la voluntad, los intereses y los valores del actor que tiene el poder” (p33). La dominación es el poder que reside en las instituciones de la sociedad. El acceso constitucional a la capacidad de coacción y el acceso a los recursos comunicativos que permiten coproducir significado se complementan para establecer relaciones de poder (p36). Las relaciones de poder existen en estructuras sociales concretas espacio temporales. Hay que identificar redes de poder socioespaciales (locales, nacionales y globales). Lo global influye en lo local y viceversa. Las relaciones de poder están imbricadas en la construcción social del espacio y del tiempo. Espacio es el soporte material de las prácticas sociales simultáneas. El espacio de los flujos no carece de lugares (nodos y redes: lugares conectados). En el espacio de de flujos los lugares adquieren significado y su función por el papel nodal que desempeñan en la red a la que pertenecen. El tiempo se define como sucesión de prácticas. En las instituciones hay organización del tiempo (tiempo disciplinario). En la sociedad red se comprime el tiempo y difumina la secuencia de las prácticas sociales (pasado, presente y futuro están en un orden no sucesivo sino aleatorio). Por ejemplo, el movimiento ecologista propone vivir el tiempo con una perspectiva cronológica de largo plazo.

En la sociedad de inicios del siglo XXI hay trabajadores autoprogramables y trabajadores genéricos, ejecutantes. En los primeros radica la innovación, y los segundos sólo obedecen instrucciones.

Hay una globalización cultural, con la aparición de un conjunto de valores y creencias que se comparten en todo el mundo. Existe una identificación cultural, es decir conjuntos de valores y creencias específicos de determinados grupos. Hay tendencias individualistas y también comunalistas. Las sociedades son construcciones culturales. La cultura es el conjunto de valores y creencias que dan forma, orientan y motivan el comportamiento de las personas. La cultura común de la sociedad red es una cultura de protocolos que permite la comunicación entre diferentes culturas. La sociedad red trabaja con una multiplicidad de culturas. Se comparte el valor de la comunicación. Se basa no en el contenido sino en el proceso. Las identidades culturales se convierten en trincheras de autonomía.

El fundamento de todo Estado es la fuerza. El Estado es un elemento estratégico para el ejercicio de poder. El territorio es una de las características del Estado. Una nación es una comunidad de sentimiento que puede manifestarse en un Estado propio. El Estado define la ciudadanía confiriendo derechos y exigiendo obligaciones a sus súbditos. Los estados han construido una red densa de instituciones internacionales. El poder no puede reducirse al Estado.

El poder en la sociedad red global radica en varias formas de poder distintas: poder de conectar en la red, poder de la red, poder en red y poder de crear redes. Hay control de los puntos de conexión entre diferentes redes. Las relaciones de poder son específicas en cada red. Pero también hay contrapoder en la sociedad red. “La acción colectiva de los movimientos sociales, en sus diferentes formas, pretende introducir nuevas instituciones y códigos en los programas de redes” (p79). La resistencia al poder de las redes [de los de arriba] se lleva a cabo por redes [de los de abajo]. El poder gobierna y el contrapoder combate. Los proyectos alternativos deben pasar por las redes de comunicación.

Castells constata la tendencia hacia la corporatización y concentración de los medios. Una audiencia fragmentada consume programas personalizados, pero sigue siendo un receptor subordinado. No obstante, hay capacidad de las personas para modificar el significado de los mensajes que los interpretan de acuerdo con sus marcos culturales. Pero esto no quiere decir que el sujeto no se vea influido o engañado, pero la construcción de significados es compleja. La audiencia es pasiva y activa al mismo tiempo.

Castells se basa en estudios sobre el cerebro y sobre investigaciones de neurociencias. La comunicación se produce activando las mentes para compartir significado. La mente es un proceso, no un órgano. Las emociones y los sentimientos tienen un importante papel en el comportamiento social. Las emociones básicas son el miedo, el asco, la sorpresa, la tristeza, la alegría y la ira. Procesamos acontecimientos. El cerebro procesa con metáforas. La acción humana se produce por medio “de un proceso de toma de decisiones en el que intervienen emociones, sentimientos y razonamientos” (p198). Las personas tienden a seleccionar la información que favorezca aquella decisión que se sienten inclinados a tomar (p199).

La persuasión política tiene que ver con redes y narraciones. El cerebro político es un cerebro emocional. Las elecciones tienen que ver con los estados mentales de los votantes. El poder se construye en las redes neuronales del cerebro. “La cognición política ha sido un factor decisivo en la evolución de la humanidad, fomentando la cooperación y la toma de decisiones colectivas en la búsqueda de la supervivencia y el bienestar” (p202). Hay integración entre la cognición y emoción en la toma de decisiones políticas. La cognición política está moldeada por las emociones. Emociones fuertes disparan mecanismos de alerta que aumentan la importancia de la evaluación racional de la decisión. Las emociones más importantes para el comportamiento político son el entusiasmo (o depresión) y el miedo. La ansiedad es una respuesta a una amenaza externa sobre la que la persona amenazada apenas tiene control. La ira es una respuesta a un acontecimiento negativo que contradice un deseo. La ira lleva a procesar los acontecimientos de forma imprudente (se asumen riesgos). La ansiedad se relaciona con la evitación (se evitan riesgos). En una situación de gran amenaza la ansiedad lleva a procesar la información. Cuando la ira se dirige hacia un candidato que antes gustaba se produce la aversión. Cuando la gente busca información empieza con sus valores y después trata de hallar información que los confirme.

Los seres humanos establecen coaliciones en torno a características comunes. Las ideas contradictorias reducen la participación. Las emociones que están en juego en la lucha política son el miedo y la esperanza. Se trata de inspirar esperanza en un candidato y miedo al contrincante. El entusiasmo es una evaluación positiva. Hay un alto componente emocional en las campañas políticas. Hay conexión entre la emoción y el pensamiento decidió en el proceso de toma de decisiones políticas. Influyen más los sentimientos hacia los candidatos y los partidos. Los temas políticos se vuelven importantes cuando despiertan sentimientos entre los votantes. La publicidad que provoca entusiasmo moviliza a los votantes, pero también los polariza. Las que provocan miedo tienden a erosionar el apoyo al contrario, pero el temor también puede desmovilizar a los votantes. Los ciudadanos más informados son los que más responden a los llamamientos emocionales. La emoción no sustituye al análisis en el proceso de toma de decisiones, pero es un factor que activa. Las emociones son un canal para transmitir argumentos. Las emociones despiertan el razonamiento, enmarcan la comprensión y movilizan la acción. Pero los mensajes emocionales varían según el contexto en el que se reciben.

La gente tiende a creer lo que quiere creer. Hay que tener en cuenta los valores, las disposiciones del grupo, los intereses materiales personales. Las personas suelen ser más críticas a la hora de evaluar hechos que contradicen sus creencias, pero hay una selectividad sesgada en esa crítica.

Los intereses económicos no afectan en gran medida a las pautas del voto, excepto cuando dichos intereses representan sus valores y creencias; pero esto no es así cuando hay una severa crisis económica o se produce un acontecimiento que altera profundamente la vida cotidiana. Lo fundamental será la respuesta emocional y no el cálculo razonado sobre cómo responder mejor a la crisis. En lo electoral los valores modelan las decisiones de los ciudadanos con más frecuencia que sus intereses. La gente vota al candidato que le provoca sentimientos adecuados, no al que mejor argumente. Las creencias son factor clave en la conducta política. Las creencias están condicionadas por lo que la gente desea. Las imágenes pueden actuar como fuente de estímulos equivalente a las experiencias vividas.

El miedo al daño individual interactúa en la percepción del daño potencial. El conocimiento de asuntos políticos está relacionado con la cobertura que le dan los medios. Cuando más se habla de un asunto es posible que la gente se base en esa información para hacer sus evaluaciones. Los medios seleccionan y resaltan algunos aspectos de los acontecimientos (enmarcan) para promover una determinada interpretación. Hay sesgos. Se puede pasar de la desinformación a la mistificación.

El poder se construye conformando la toma de decisiones por coacción o por construcción del significado o lo los dos a la vez. Mediante la activación de redes de asociación entre acontecimientos e imágenes mentales por medio de los procesos de comunicación el poder opera con un a dinámica multinivel en la que la forma en que sentimos estructura la forma en que pensamos, y así la forma en que actuamos (p259).

Se construye el poder por medio de la construcción de imágenes. Se moldean mentes construyendo significados por medio de la creación de imágenes. Los medios son la forma de comunicación masiva. La política se hace mediática. Los mensajes, las organizaciones y los líderes que no tienen presencia mediática, no existen para el público. Los que pueden transmitir sus mensajes mediáticamente tienen posibilidades de influir en las decisiones de otros. Los medios no son un cuarto poder, sino el espacio donde se crea el poder.

Los medios no son neutrales. Los medios corporativos son un negocio, dependen de sus modelos de negocio y de sus relaciones con los actores políticos. La gente toma decisiones políticas por medio de imágenes e informaciones que se procesan en los medios. La interacción entre los medios mayoritarios e Internet es lo que caracteriza a la política mediática de la era digital.

Hay personalización de la política. Hay ataques personales y de difusión de escándalos. Existe un creciente desprestigio de los políticos porque, entre otras evidencias, se la pasan denigrándose.

“Si los procedimientos formales de la representación política dependen de la asignación informal del poder de la comunicación en el sistema multimedia, no hay igualdad de oportunidades para que los actores, valores e intereses manejen los mecanismos reales de asignación de poder en el sistema político” (p392). La democracia sólo puede reconstruirse si la sociedad civil puede romper las barreras corporativas, burocráticas y tecnológicas de la construcción de imágenes políticas.

El cambio social es multidimensional. Es contingente al cambio de mentalidad. Las instituciones son cristalizaciones de las prácticas sociales de momentos anteriores. Esas prácticas están enraizadas en las relaciones de poder. El cambio cultural es un cambio de valores y creencias procesados en la mente humana en una escala lo suficientemente grande como para afectar a la sociedad en su conjunto. Ningún proceso de cambio social es general e instantáneo. Los cambios son el resultado de la voluntad de actores sociales.

Los movimientos sociales son los actores que aspiran al cambio cultural. Las políticas insurgentes son los procesos que aspiran al cambio político en discontinuidad con la lógica de las instituciones políticas. Las políticas insurgentes provocan la transición entre el cambio cultural y el cambio político mediante la incorporación de sujetos movilizados por el cambio cultural y el cambio político a un sistema político al que no pertenecían anteriormente. Nadie puede predecir el resultado de los movimientos sociales. Cualquier cambio estructural en los valores institucionalizados en una determinada sociedad es el resultado de movimientos sociales. El cambio social es el cambio que la gente espera alcanzar al movilizarse.

Los movimientos sociales se forman comunicando mensajes de rabia y esperanza. La estructura concreta de comunicación de una sociedad conforma en gran medida los movimientos sociales.

El espacio público es el espacio de la interacción social y significativa donde las ideas y los valores se forman, se transmiten, se respaldan y combaten. Las redes de comunicación multimodal constituyen el espacio público de la sociedad red. El cambio social requiere de la reprogramación de las redes de comunicación en cuanto a sus códigos culturales y valores que trasmiten. Los movimientos sociales y las políticas insurgentes pueden entrar al espacio público por medio de comunicación horizontal y aun a los medios mayoritarios, pero deben adaptarse al lenguaje de esos medios. Hay movimientos e construcción de conciencia ecologista y el movimiento por una globalización justa. Hay nuevos movimientos espontáneos que pueden presionar y transformar la indignación en políticas insurgentes aprovechando la conexión de los teléfonos móviles.

Castells estudia los movimientos globales contra la globalización capitalista. “Actuando sobre los códigos culturales que enmarcan la mente, los movimientos sociales ofrecen la posibilidad de crear otro mundo diferente” (p530). Esos movimientos introducen nuevas fuentes para la toma de decisiones. “Cuanto más grande sea la autonomía de los sujetos comunicadores respecto a los controladores de los nodos de comunicación sociales, mayores serán las oportunidades para introducir mensajes que cuestionen los valores dominantes y los intereses en las redes de comunicación” (p531).

El poder se ejerce construyendo significados en la mente humana. La capacidad para emplear con éxito la violencia o la intimidación /estatal/ requiere el enmarcado individual y colectivo de las mentes. “En sociedades en las que las instituciones se vuelven disfuncionales por haber sido ocupadas por redes criminales, la policía se convierte en una amenaza para los ciudadanos honrados, que organizan su vida lo más lejos posible de los pasillos del Estado” (p536).

La construcción simbólica depende de mensajes y marcos mentales creados y defendidos en las redes de comunicación multimedia. Pero el nuevo sistema de comunicación es versátil, diversificado y abierto.

El poder no residen en las redes de comunicación y en las empresas propietarias. Porque las redes de comunicación son los mensajero y no el mensaje, aunque sí condicionan el formateo y la distribución del mensaje. El emisor del mensaje está en el origen de la construcción de significado. Mente colectiva es el conjunto cultural en el que se recibe el mensaje. Las redes de comunicación multimedia ejercen el poder de la red sobre los mensajes que transmiten, pero la diversidad de formatos es la norma, por lo que los estándares han pasado a un segundo plano como fuente de poder de la red. En el poder de la red de los medios de comunicación de masas, el mensaje es reformateado a la audiencia en función de la estrategia empresarial. Las redes multimedia en cuanto estructuran de comunicación no tienen el poder de conectar en red sino que dependen de las decisiones de sus programadores. Se deja entrar un mensaje mediante filtro de acceso.

El poder en red, diferente del poder de la red y del poder de conectar en red, es la forma que ejercen determinados nodos sobre otros nodos dentro de la red. En las redes de comunicación esto se traduce en el poder de establecer la agenda.

El poder para crear redes es la capacidad de configurar y programar una red (propietarios y directivos de los medios de comunicación). Ellos deciden el contenido y el formato de la comunicación. El poder de crear redes está en manos de unos cuantos conglomerados.

Castells insiste en que poder es la capacidad relacional para imponer la voluntad y los valores de unos cuantos actores sociales sobre los demás. Los dueños de las redes empresariales multimedia globales ostentan el poder de la sociedad red porque programan la red fundamental: la metared de comunicación, las redes que procesan los materiales ideales con los que sentimos, vivimos, pensamos, presentamos nuestras ideas y luchamos. Pero de abajo puede surgir la capacidad de producir mensajes que desafíen el control empresarial de las comunicaciones y puede cambiar las relaciones de poder en la esfera de la comunicación. No obstante, hay una competencia desigual.

Las relaciones de poder entre las redes empresariales multimedia y la sociedad en su conjunto giran alrededor de la conformación de la producción cultural según la voluntad, los valores y los intereses de los dueños de las compañías y de sus patrocinadores.

Las redes de comunicación son esenciales para la construcción del poder (y el contrapoder) político. Los dueños de las redes de comunicación empresariales también suministran a otros actores sociales las plataformas para la construcción de significados.

Pero los metaprogramadores, los que producen el mensaje, son actores políticos. Esos actores políticos dependen de los actores cuyos valores e intereses representan.

La política mediática es el mecanismo fundamental por el que se accede al poder político y al diseño de políticas; y los propietarios de los medios de comunicación no son quienes diseñan y establecen los programas políticos. La política mediática es el interfaz dinámico entre las redes políticas y las redes de los medios de comunicación.

La sociedad red es ahora una sociedad capitalista. Las redes de comunicación son en su mayoría propiedad de redes empresariales multimedia que las dirigen. El núcleo de las redes de comunicación globales está conectado y depende en gran medida de empresas que dependen de los inversores y de los mercados financieros. El mercado financiero global es en sí mismo una red. Las instituciones financieras y los mercados financieros dependen de los flujos de información generados, formateados y difundidos por las redes de comunicación. Las redes multimedia dependen de las redes financieras, y las redes financieras globales operan procesando señales producidas y distribuidas en las redes multimedia globales. Están íntimamente conectadas. Pero la metared de finanzas y medios es dependiente de otras grandes redes: la política, la de producción cultural, la militar, la del crimen organizado global, etc.

El poder es multidimensional y se construye en torno a redes programadas en cada ámbito de la actividad humana según los intereses y valores de los actores empoderados. Pero todas las redes de poder lo ejercen influyendo en la mente humana principalmente por medio de redes multimedia de comunicación de masas. Las redes de comunicación son las redes fundamentales para la construcción de poder en la sociedad.

Las redes de poder de diferentes ámbitos de la actividad humana están conectadas entre sí. La red de poder construida en torno al estado y al sistema político sí desempeña un papel fundamental en la red global de poder. El funcionamiento estable del sistema y la reproducción de las relaciones de poder en todas las redes dependen, en última instancia, de las funciones de coordinación y regulación del Estado del sistema político. Por medio del estado las diferentes formas de ejercicio del poder en las distintas esferas sociales se relacionan con el monopolio de la violencia. Las redes de comunicación procesan la construcción de significado sobre la que se asienta el poder, el Estado constituye la red predeterminada para que funcionen adecuadamente todas las demás redes de poder.

El poder en la sociedad red lo ostentan los programadores y los enlaces, están representados por actores sociales, pero no son individuos, sino redes.

Hay que encontrar la configuración reticular concreta de actores, intereses y valores que establecen sus estrategias de construcción de poder mediante la conexión de sus redes de poder con las redes de comunicación masas, donde origina la construcción de significado en la mente pública. Son redes de actores que ejercen el poder en sus respectivas áreas de influencia por medio de las redes que construyen en torno a sus intereses. Hay una centralidad de las redes de comunicación para llevar a cabo el proceso de construcción de poder de cada red. La conexión de diferentes redes es una fuente fundamental de poder.

El poder se ejerce mediante la programación e interconexión de redes. El contrapoder debe reprogramar las redes en torno a intereses y valores alternativos. “Participando en la producción cultural de los medios de comunicación de masas y desarrollando redes independientes de comunicación horizontal, los ciudadanos de la Era de la Información son capaces de inventar nuevos programas para sus vidas con los materiales de sus sufrimientos, miedos, sueños y esperanzas” (p552). Construyen sus proyectos compartiendo su experiencia. Hay que conocer las formas de poder en la sociedad red para poder neutralizar el ejercicio injusto de dicho poder. Hay que buscar el poder en las conexiones entre redes de comunicación empresariales, financieras, de la industria cultural, redes tecnológicas, políticas… Examinar sus interconexiones globales y sus operaciones locales. “Desconecte lo que no entienda y reconecte lo que tenga sentido para usted” (p552). La construcción independiente de significado sólo puede llevarse a cabo si conservamos esas redes de comunicación que Internet ha hecho posibles.

Si se piensa de otra manera, las redes funcionarán de otra manera…

sábado, 29 de mayo de 2010

En la piel de México

Qué tal, lectores y pensadores:

Me gustaría recibir comentarios y sugerencias para mejorar este espacio. Escribe a ninoislove@hotmail.com y juntos evolucionemos este encuentro.

Te presento, a continuación, una poesía que hoy he deseado compartir y la comparto.

EL CREDO MEXICANO

México, creo en ti,
como en el vértice de un juramento. Tú hueles a tragedia, tierra mía, y sin embargo ríes demasiado, ¿acaso porque sabes que la risa es la envoltura de un dolor callado?

México, creo en ti, sin que te represente en una forma porque te llevo dentro, sin que sepa lo que tú eres en mí; pero presiento que mucho te pareces a mi alma, que sé que existe, pero no la veo.

México, creo en ti, en el vuelo sutil de tus canciones que nacen porque sí, en la plegaria que yo aprendí para llamarte Patria: algo que es mío en mí como tu sombra, que se tiende con vida sobre el mapa.

México, creo en ti, en forma tal que tienes de mi amada la promesa y el beso que son míos, sin que sepa por qué se me entregaron: no sé si por ser bueno o por ser malo o porque del perdón nazca el milagro.

México, creo en ti, sin preocuparme el oro de tu entraña: es bastante la vida de tu barro que refresca lo claro de las aguas en el jarro que llora por los poros la opresión de la carne de tu raza.

México, creo en ti, porque creyendo te me vuelves ansia y castidad y celo y esperanza. Si yo conozco el cielo, es por tu cielo, si conozco el dolor, es por tus lágrimas que están en mí aprendiendo a ser lloradas.

México, creo en ti, en tus cosechas de milagrerías que sólo son deseo en las palabras. Te consagras de auroras que te cantan ¡y todo el bosque se te vuelve carne!, ¡y todo el hombre se te vuelve selva!

México, creo en ti, porque nací de ti, como la flama es compendio del fuego y de la brasa; porque me puse a meditar que existes en el sueño y materia que me forman y en el delirio de escalar montañas.

México, creo en ti, porque escribes tu nombre con la equis, que algo tiene de cruz y de calvario; porque el águila brava de tu escudo se divierte jugando a los volados con la vida y, a veces, con la muerte.

México, creo en ti, como creo en los clavos que te sangran, en las espinas que hay en tu corona, y en el mar que te aprieta la cintura para que tomes en la forma humana hechura de sirena en las espumas.

México, creo en ti, porque si no creyera que eres mío el propio corazón me lo gritara y te arrebataría con mis brazos a todo intento de volverte ajeno sintiendo que a mí mismo me salvava.

México, creo en ti, porque eres el alto de mi marchay el punto de partida de mi impulso. ¡Mi creo, Patria, tiene que ser tuyo,como la voz que salva y como el ancla...!

Ricardo López Méndez

viernes, 28 de mayo de 2010

La nueva fe dice así: “vive de modo que desees volver a vivir; ¡tú vivirás otra vez! Quien desee el esfuerzo que se esfuerce, quien desee el descanso que descanse, quien desea la obediencia que obedezca. ¡Pero que tenga conciencia de su fin y no retroceda ante los medios! ¡Le va en ello la eternidad!"

ENTREVISTA A RENÉ GIRARD, PENSADOR,ANTROPÓLOGO DE LA RELIGIÓN

"El cristianismo es la verdadera globalización". Desde la publicación de sus primeras obras, René Girard ha conmocionado el mundo cultural de la misma manera que Gandhi lo hizo con el político por su radical defensa de la no violencia. René Girard es uno de los pensadores más influyentes de la actualidad. Sus ensayos sobre antropología religiosa, su especialidad, han provocado fuertes polémicas, especialmente en Francia, su país de origen. Ahora publica en España "Veo a Satán caer como el relámpago" (Anagrama), y vuelve a incidir en el papel de las víctimas.

Por CHRISTIAN MAKARIAN


René Girard ha dedicado años y estudios a analizar las religiones desde el punto de vista de la antropología. En esta entrevista, René Girard habla del carácter "no violento" de la Biblia, una característica que, en su opinión, la diferencia de los mitos y del resto de religiones, tal como afirma en su ensayo "Veo a Satán caer como el relámpago", de reciente aparición.

-Ha inventado usted prácticamente una disciplina curiosa: la antropología de la religión. ¿Nos podría dar una explicación escueta?

-La antropología que intento desarrollar es específica de la religión. Se basa en el crimen fundador y en todo lo que ello comporta. A partir de ahí, me intereso por las reglas originales de nuestra cultura, que reposa esencialmente sobre los ritos y las prohibiciones, y también por nuestras instituciones, que son un producto indirecto de lo religioso. Ahora bien, por más que trate de las religiones, mi trabajo no tiene en esencia nada de religioso. Al contrario, puesto que convierto lo religioso arcaico en el resultado de un error de interpretación de lo que llamo el "fenómeno victimario". Mi punto de partida es el siguiente: el acto fundamental de la sociedad primitiva, que está en el origen de la nuestra, es la designación de una víctima, un chivo expiatorio, y el fomento de la ilusión de su culpabilidad con el fin de permitir la salida de toda clase de tensiones colectivas. A continuación, esta ilusión se convierte en fundadora de ritos, que la perpetúan en el tiempo y mantienen unas formas culturales que desembocan en instituciones. -


-¿Cómo llegó a esta teoría? -

-Algunos amigos estadounidenses dicen que estoy influenciado por el contacto personal con la violencia racial en Estados Unidos durante mi juventud. Lo cierto es que, al establecer comparaciones entre los mitos australianos, amerindios, africanos, europeos, norteamericanos... descubrí que el linchamiento, la ejecución de una víctima designada, no era un fenómeno textual ni legendario. Constituye una empresa de pacificación por medio de una víctima que, cuando agrupa contra ella a todo un grupo, produce miméticamente un apaciguamiento, incluso una reconciliación. Por razones misteriosas, las sociedades han reproducido este gesto reconciliador bajo la forma de sacrificios o ritos sagrados, y esta repetición se ha convertido ella misma en una institución. Es el caso típico de la lapidación codificada por el Levítico. Del mismo modo, los etnólogos han demostrado desde hace ya mucho tiempo que existía una forma primitiva de justicia griega por medio del asesinato colectivo. Tras lo cual se libra una lucha por el control y el dominio de ese rito esencial. Al vincular víctimas, ritos e instituciones, asistimos al nacimiento del poder político. -


-Esta teoría victimaria lo ha conducido de modo natural a interesarse por la figura de Jesucristo, víctima entre las víctimas, puesto que da su vida por el conjunto del género humano. -

-En efecto, pero mis conclusiones son contrarias a las que suelen extraerse a este respecto. Hasta ahora, la mayoría de los antropólogos (e incluso un teólogo como Rudolf Bultmann) había insistido en la semejanza entre los Evangelios y otros relatos para demostrar que la muerte y la resurreción de Jesucristo sólo era otro mito más. Tanto es así que se podría decir que la causa ya está vista. Hoy como ayer, la mayoría de nuestros contemporáneos percibe la asimilación del cristianismo a un mito como una evolución irresistible e irrevocable, porque apela al único tipo de saber que nuestro mundo aún respeta, la ciencia. Por más que la naturaleza mítica de los Evangelios no esté demostrada científicamente, lo será un día u otro.


¿Es realmente indudable todo esto?

No sólo pienso que no es indudable, sino que lo indudable es que no lo es. La asimilación de los textos bíblicos y cristianos a mitos constituye un error fácil de refutar. -


-¿Cómo? -

-En los mitos, las víctimas son siempre culpables, porque el relato está escrito siempre desde el punto de vista del engaño y la ilusión creados por el fenómeno victimario. Porque es culpable la víctima enjuga la violencia y accede a la categoría mítica. Sin embargo, en lo judaico y lo cristiano ocurre lo contrario: la víctima es inocente. Observe la diferencia entre Caín y Abel por un lado y Rómulo y Remo por otro. Remo es culpable, puesto que Rómulo es el fundador glorificado de Roma. En cambio, Dios pregunta a Caín: "¿Dónde está Abel, tu hermano? ¿Qué has hecho?". Dios acepta, es cierto, fundar el género humano sobre esta base del asesinato, pero se preocupa por la suerte de Abel, víctima inocente. Este rasgo es único. Sólo la Biblia "desviolentiza" lo sagrado. El cristianismo contradice de golpe los mitos. -


-¿Cuál es, entonces, su definición personal del cristianismo? -

-La fe cristiana consiste en pensar que, a diferencia de las falsas resurrecciones, arraigadas de verdad en los asesinatos colectivos, la resurrección de Jesucristo no debe nada a la violencia de los hombres. Se produce inevitablemente tras su muerte, pero no inmediata, sólo el tercer día, y tiene su origen en Dios mismo. -


-¿Cómo trastoca esto el orden anterior? -

-Al principio del cristianismo se encuentra un hecho esencial: todos los discípulos traicionan. Todos se ven arrastrados por el arrebato habitual que se produce contra las víctimas. Pedro representa el modelo del individuo que, en cuanto se sumerge en una multitud hostil a la víctima, se convierte también él en hostil... como todo el mundo. Y entonces todo cambia, la lógica arcaica se invierte, y los discípulos acaban por encontrarse no contra la víctima, sino favor de ella. Al contrario de lo que dice Nietzsche ("El cristianismo es la multitud"), la fe cristiana exalta al individuo, que resiste al contagio victimario. -


-Para hacer más patente la diferencia entre mito y cristianismo, establece usted un paralelismo sorprendente en su nuevo libro. -

-He descubierto un asombroso relato legendario griego que habla de Apolonio de Tiana, el célebre taumaturgo del siglo II. Para poner fin a una epidemia, Apolonio señala para la vindicta popular a un mendigo repulsivo, pero completamente inocente. El desgraciado es lapidado y, una vez levantadas las piedras, se descubre en lugar del menesteroso a un espantoso monstruo que representa al demonio vencido, la enfermedad erradicada. La diferencia con el Evangelio salta a la vista. Es cierto que, al contrario que Apolonio, Jesucristo detiene la lapidación de la mujer adúltera diciendo: "El que de vosotros esté sin pecado, arrójele la piedra el primero". Sin embargo, la lección principal está en otra parte: lo que Jesucristo quiere combatir es el arrastre mimético. Es evidente que quien desencadena el asesinato colectivo tiene una responsabilidad más grande que los otros. Por eso el Levítico obligaba que dos testigos -los testigos de cargo- lanzaran las primeras piedras para que no testimoniaran en falso. El propósito de Jesucristo es trascender esa ley, lo que engendrará la puesta en cuestión del fenómeno victimario y, por lo tanto, sembrará el desorden entre el pueblo y provocará su propia ejecución. Para acabar de colocar el mito en el lugar que le corresponde, añadiré que Jesucristo no apela aquí a ningún poder sobrenatural: no realiza ningún milagro, es el pagano Apolonio quien lo hace. -


-Por lo tanto, el arrastre mimético estaría en el origen de la violencia. ¿Mediante qué mecanismos? -

-El arrastre mimético, en el estadio colectivo, es la culminación del deseo mimético que nace en el estadio individual. En la Biblia existe una concepción desconocida del deseo y los conflictos. Entre los diez mandamientos ("No matarás, no robarás", no cometerás adulterio, etcétera), el décimo contrasta con los precedentes: "No desearás la casa de tu prójimo, ni la mujer de tu prójimo, ni su siervo, ni su sierva, ni su buey, ni su asno, ni nada de cuanto le pertenece" (Éxodo, 20, 17). Este último mandamiento se pasa a menudo por alto, pero es extremadamente importante en la medida en que se dirige al más banal de los deseos, el más común y, en apariencia, el más anodino. Dado que ese deseo es el más común de todos, ¿qué ocurriría si, en lugar de ser prohibido, fuera tolerado e incluso alentado? La respuesta es evidente: la guerra sería perpetua en el seno de todos los grupos humanos. Se abriría la puerta a la famosa pesadilla de Hobbes, la lucha de todos contra todos. Por lo tanto, para atreverse a pensar que las prohibiciones culturales son inútiles, como repiten los demagogos de la modernidad, hay que adherirse al individualismo más desmedido, el que presupone la autonomía total de los individuos, es decir, la autonomía de sus deseos.

Hay que pensar, dicho en otros términos, que los hombres se ven naturalmente inclinados a no desear los bienes del prójimo. Ahora bien, basta contemplar a dos niños o a dos adultos peleándose por una fruslería para comprender que este postulado es falso y que es el postulado contrario, el único realista, el que subyace al décimo mandamiento. Se considera que el deseo es objetivo o subjetivo; pero, en realidad, reposa sobre otro que valoriza los objetos, el tercero más cercano, el prójimo. Para mantener la paz entre los hombres, hay que definir la prohibición en función de esta temible constatación: el prójimo es el modelo de nuestros deseos. Es lo que llamo el deseo mimético. -


-Se trata de una explicación implacable y severísima sobre nosotros, pobres humanos. -

-El cristianismo nunca previó triunfar. Ésa es su gran fuerza. Los primeros cristianos contemplaron incluso un fracaso muy rápido, de otro modo no habrían escrito el Apocalipsis ni creído firmemente en el fin del mundo. Al releer algunas palabras de Jesucristo, nos damos cuenta de que las relaciones más íntimas son las más amenazadas: "He venido a separar al padre del hijo", "No penséis que he venido a poner paz, sino espada...", "Yo he venido a echar fuego en la tierra, ¿y que he de querer sino que se encienda", etcétera. El cristianismo realiza una revolución única en la historia universal de la humanidad. Al suprimir el papel del chivo expiatorio, al salvar a los lapidados, al dar la otra mejilla, la fe cristiana priva de forma brusca a las sociedades antiguas de sus víctimas sacrificiales habituales. Ya no cabe dar salida al mal arrojándose sobre un culpable designado cuya muerte sólo procura una paz falsa. Al contrario, se toma el partido de la víctima al rechazar la venganza, al aceptar el perdón de las ofensas. Eso que supone que cada uno vigile al otro en relación con unos principios fundamentales, y que cada uno se vigile a sí mismo. -


-Pero en un primer momento se produce un gran desorden. ¿Cómo explicar que el sistema de los valores cristianos haya podido triunfar? -

-La exigencia cristiana ha producido una maquinaria que funcionará a pesar de los hombres y sus deseos. Si todavía hoy, tras dos mil años de cristianismo, se sigue reprochando, y con razón, a ciertos cristianos que no vivan según los principios a los que apelan, es que el cristianismo se ha impuesto universalmente, incluso entre aquellos que dicen ser ateos. El sistema que se engranó hace dos milenios no se detendrá, porque los hombres se encargan de ello al margen de cualquier adhesión al cristianismo. El Tercer Mundo no cristiano reprocha a los países ricos ser su víctima, porque los occidentales no siguen sus propios principios. A lo largo y ancho del mundo, todos apelan al sistema de valores cristiano y, al final, no hay otro. ¿Qué significan los derechos humanos sino la defensa de la víctima inocente? El cristianismo, en su forma laicizada, se ha hecho tan dominante que ya no se le percibe. El cristianismo es la verdadera globalización.


Traducción: Juan Gabriel López Guix Autor: Solidaridad.net- Fecha: 2003-11-21

martes, 25 de mayo de 2010

Y SIN EMBARGO PRESIENTO QUE TÚ EXISTES

Dios, ¿dónde estás? ¿Dónde estás, Dios?

Por donde quiera que te busco sólo encuentro el eco de mi propia voz.

Dios, ¿por qué si existes permites la lucha fraticida? ¿Por qué si existes te ensañas con los buenos?

¡Nada!, la simiente no fructifica en los campos poblados de miseria, miseria y nada más miseria, ¡y en mí mismo miseria! ¡Y misiseria aquí, en mi pecho!, formando una extraña mezcla.

Juntos amor, ¡odio y violencia! Religión, ¡grito y paciencia! Chispa, lava, brasa y llama.


Siento arder dentro de mi alma un grito de rebeldía, que se ahoga en un suspiro, que acelera mi tormento y que aumenta mi agonía.


Dios, Señor del universo, porque al nombrarte mi ser a Tí se enfrenta, ¿es acaso sacrílega postura? Si porque te busco ansioso y dudo de tu ser toda ternura, ¿no merezco siquiera que me escuches? Dame tan sólo la dicha de gritar que la tierra es un nido de traiciones y que muere la paz y la cordura.


Por eso, Señor, yo no quiero un pedazo de tu cielo, yo no quiero la paz ultraterrena, ¿por qué si existes permites que yo muera sin notar tu presencia noble y buena?


Y sin embargo presiento que Tú existes, y sin embargo presiento que me amas.


¡Y Cristo! ¡Cristo Jesús!, tu hijo asesinado. ¿De qué? ¿De qué sirvió morir crucifcado? ¡Tanto sufrir o tanto sufrimiento! ¿De qué te sirve que te sienta y no te...? ¿De qué?

No salvaste a tu hijo tan amado, ¡no hiciste nada!, nada y dos mil años han pasado, y los hombres se matan entre hermanos y las naciones mueren o viven de la guerra.


Silencio, mucho silencio, ¡ultrasielncio! ¡Me castiga, Señor, tu indiferenica!, y me duele en el alma tu abandono. Si nos creaste a tu imagen, si sólo somos partículas de polvo, ¿por qué permites en el mundo la demencia? ¿Por qué? ¡Por qué permites que sigan mancillando la inocencia y peleando hermanos contra hermanos que predican el amor entre los hombres?


Dios, Señor del universo, en tu nombre se levantan templos, se organizan y bendicen guerras, se esclaviza y tortura el pensamiento, las conciencias se obscurecen, se alimenta el rencor, sse traiciona, se asesina, ¡se difama y todo!, ¡y todo aquí!, ¡aquí, en tu nombre!, ¡y todo aquí!, ¡aquí en la tierra!


Por eso, Señor, yo no quiero un pedazo de tu cielo, yo no quiero la paz ultraterrena. Quiero que en el mundo en que vivimos fructifique el amor sereno y santo, quiero vivirla en paz santa y serena, ¡pero vivirla aquí, aquí, en la tierra!


Octavio Orduña Sancho

viernes, 21 de mayo de 2010

¡¡¡Qué inescrutable es el ser humano!! Por algo somos el pensamiento de Dios

Indiscutiblemente nos pasan muchas cosas. No actuamos ni movidos por la química ni movidos por los conceptos. Conocemos nuestro entorno y somos afectados por él de manera estrepitosa. Huímos de unas experiencias y nos precipitamos hacia otras. Rechazamos aquellas y requerimos identificarnos con éstas.
Te presento estos escritos, bajo pretexto de poesía, ya que todo el ser humano es poesía misma, y en cada acto revelamos sentimientos en nuestras calidades afectivas de lazos interpersonales.
El ser humano se expresa en emociones y actitudes antagónicas en la contigencia cotidiana.
Luchamos a diario y otorgamos la victoria a quien querramos: Dios o Diablo.
Somos claros u obscuros y a veces no somos.
Espero te agrade el siguiente artículo y me hagas llegar tus comentarios a la siguiente dirección: ninoislove@hotmail.com
Aloha (sentimiento expansivo de aceptación y ayuda que facilita la convivencia).

EN EL NOMBRE DE DIOS

La literatura está poblada de curas torturados por las contradicciones que se suscitan dentro de ellos, en ocasiones alentadas por una vocación extraviada. Stendhal, Tolstoi, Sastre, Gide, Green, Eca de Queiroz, Galdós, son algunos de los muchos autores que han creado sacerdotes alejados del modelo de moralidad y bondad pregonada por la Iglesia católica Yolanda Rinaldi

Stendhal describe al obispo de Agde, en Rojo y negro, ensayando frente al espejo, con un aire de gravedad, el modo de impartir las bendiciones. De golpe, la imagen plantea la idea de máscara. Agde asume una personalidad para realizar una actividad humana; de forma que hay en su actitud un oficio de vivir. El problema es que enmascarado, finge y mantiene de por vida ese desdoblamiento. Bachelard diría que toma una máscara como un rostro.

Por fortuna es ficción y sólo la literatura es impostura. Al respecto, a lo largo de la historia de la literatura, infinidad de escritores han concebido personajes de curas católicos torturados y contradictorios, que los revelan prisioneros del doble amor: apegados a su dogma eclesial pero exaltados ante el hervor incesante de la vida. Tolstoi, Sastre, Gide, Green, Unamuno, Eca de Queiroz, Sender, Bernanos, Arana, Bataille, France, Galdós, Chesterton, Guareschi, Miró, son algunos de los muchos autores que moldean el retrato vital de personajes de sacerdotes en conflicto. Que se construyen para oficiar misa y hablar mal, de la resinación, del dolor, del sufrimiento, de la promesa de vida eterna. Inclusive, sin detenerse a reflexionar “si Dios oye nuestras oraciones o si incluso existe…”, como plantean en un diálogo los sacerdotes Narciso y Goldmundo, de Hermann Hesse.

En efecto, en la tradición religiosa se habla de que los sacerdotes son los intercesores entre los hombres y Dios, que mediante oraciones y sacrificios conceden imposibles… hasta la promesa de vida eterna; por consiguiente, no es una abstracción que Nietzsche, a ras de tierra, con su “piadosa” ironía e ingenio los denomine “profetas de la muerte”.

La imagen intocada del sacerdote ha llegado a justificarse como parte de un orden más alto, de modo que nada hace suponer que la energía de la vida se agita en su interior y menos, aventurar que Clemente de Alejandría se equivocó al asegurar en El pedagogo que los sacerdotes curados ya de las pasiones, exhortan a los demás a cumplir con sus deberes para alcanzar la salvación; los sacerdotes forjan su tarea afianzados en su buena conducta. Stendhal no los concibe así, en Rojo y negro, Sorel se pregunta: “Todos esos curas bribones… ¿tendrán el privilegio de conocer la verdadera teoría del pecado?”

Lo anterior nos representa que en el “reino” terrenal, la conducta de los sacerdotes parte de un complejo esquema de comportamiento moral fijado por la jerarquía católica romana; conducido por una lógica sin falla. Si bien a veces se percibe la sospecha de que también privan la amistad y el afecto en asuntos de su responsabilidad. Ese parece ser el mensaje de la Iglesia católica que se demoró en actuar en el delicado tema que cimbra hoy los sótanos del vaticano. La Curia Vaticana vive una crisis de la que no se puede descargar.

Gregorio Nacianceno, hacia el año 358 escribió con preocupación: “Se nos confía conducir la grey cuando todavía no hemos aprendido a apacentarnos bien a nosotros mismos”, al vislumbrar los pesares y “pecadillos” de tan respetables hombres. Por su parte, Norberto Elías, en El proceso de la civilización, recuerda que el esquema que priva en al Iglesia fue concebido con ideas herético-rigorista-conciliadoras, constituidas por formas de control. Primero el celibato, impuesto a los curas que planteaban los rigoristas. Segundo, el dominio total de los heréticos renuentes a someterse a tales controles, lo que supuso luchas internas; y, tercero, mediante la unión eclesiástica y la secular, se buscó el entendimiento. Desde esta perspectiva, los Papas hicieron esfuerzos para organizar su Iglesia; pero en la constitución individual del cura, ¿hubo un proceso de transformación? Quien toma los hábitos, ¿aspira realmente a ser cura? Hoy cuando el escándalo eclesial sacude a la Iglesia católica y ocupa extensos espacios en los medios de información del mundo, obliga a preguntarse si sólo es cuestión de “agonía existencial” de los sacerdotes o desacato a las leyes de la Institución que representan, que les impide asumir la condición humana como individuos y como miembros de una sociedad.

Felizmente existe la ficción, pero, ¿cuáles son las realizaciones culturales y sociales concretas de ese modelo en la literatura? Como realidad social se percibe la figura del cura frente a los fieles en posición de actor. Es innegable que para la literatura el sacerdote es moldeado para ejercer una suerte de fascinación, de poder mágico sobre sus feligreses. Es un hombre que actúa serio, grave, sentimental, para ofrecer un comportamiento especial que refleja en su voz y movimientos. Stendhal dice de Sorel: “cuánto trabajo se tomaba para conseguir esa fisonomía de fe ferviente y ciega, dispuesta a creerlo todo y a sufrirlo todo”.

La Iglesia católica posee una organización interna, que es regulada por un rígido sistema de jerarquías, el cual está íntimamente relacionado con el origen social de sus miembros. Stendhal retrata a Julián sorel com esepobre campesio que aspira a ser cura para mejorar económica y socialmente; ingenuo ve en la figura del Papa un Dios “mucho más poderoso, terrible y poderoso que el otro”. Descripción que recuerda a Inocencio III quien llegó a exigir ciega obediencia al clero: “aunque oredene hacer el mal, ya que nadie puede juzgar al Papa”. Palabras que remiten también a Unamuno quien en su San Manuel Bueno, mártir, toca el espinoso punto de la infalibilidad papal.

El clero en muchos casos puede coincidir con una suerte de estratificación social real en la que cabe la posibilidad que los rangos de mayor grado se encuentren en poder de miembros pertenecientes a la clase dominante; son los que forman la élite intelectual de la Iglesia, mientras que los integrantes de los puestos inferiores generalmente tienen un origen humilde y escasamente intelectualizado, como el sacerdote de la novela de Benjamín Jarnés, El convidado de papel, o el mismo Sorel de Rojo y negro, quien desmoralizado afirma:”Tanto vale el hombre, tanto vale el puesto”. En cierto sentido, como se podrá observar, los curas se aparecen como un conjunto de almas extraviadas, pasmadas, al constatar que el camino que eligieron no es el de la salvación, sino el vacío, la mentira.

¿Qué constituye la dialéctica establecida entre los sacerdotes Sorel, en Rojo y negro, (Stendhal). Mouret, en El pecado del abate Mouret (Zola), Amaro en El crimen del Pader Amaro (Eca de Queiroz), don Manuel en San Manuel Bueno, mártir (Unamuno) Torcy en Diario de un cura de aldea (Bernanos), Nazarín (Galdós), Luis de Vargas en Pepita Jiménez (Valera), Fermín de Pas en La Regenta (Clarín), Ceferino, en Cruces sin Cristo (José Gomiz Soler), Mosén Millán, en Réquiem por un campesino español (Sender) o Mosén Jacinto en El cura de Almuniaced (Arana)?

La respuesta está en que no son personajes comunes, sino un símbolo de la lucha que libran en su interior; que viven entre la ansiedad y la angustia; con rasgos y cualidades que alcanzan una dimensión humana. Se trata de sacerdotes católicos comprometidos con sus dogmas institucionales; hermanados en su agonía existencial; enredados en la maraña de las convicciones terrenales impuestas, pero desligados totalmente de su compromiso. Sastre, en El Diablo y Dios, tiene una pregunta que desmitifica también la vida del sacerdote católico: “¿Por qué lo permitiste, Dios mío?... te suplico consideres que ya no tengo veinte años y que jamás tuve la vocación del martirio”. Pero entonces, ¿qué es la fe para los sacerdotes, si muchos de ellos pasan los días sin que la sientan, como expresa el protagonista de la novela de Tolstoi, El Padre Sergio? Tolstoi reconoce la desastrosa decepción del sacerdote, derivada de la contradicción del ministerio, de esa falsa dedicación a la salvación del prójimo y al mismo tiempo una compasión impotente por sí mismo. La emoción interior del Padre Sergio es ajena a la credulidad de la gente; sabe que tiene poder ilimitado, autoridad para mandar a sus hijos, pero vive en lucha interna. “Las causas eran dos: la duda y las tentaciones de la carne. Y los dos amigos se levantaban siempre juntos… ¡Dios mío! ¡Por qué no me concedes la fe? La lujuria, sí”. Por cierto, existe una bella película inspirada en esta novela, dirigida por los hermanos Taviani, titulada Bajo el sol de medianoche.

Llenos de contradicciones los curas pasean por las páginas de la literatura narrativa; desde el cura vicioso de Rabelais en Gargantúa y Pantagrue, que revela aquella época en la cual la Iglesia no había organizado la disciplina eclesial; de Chesterton El escándalo del padre Brown y El candor del padre Brown; de Bataille, El cura C.; de Anatole France La isla de los pinguinos. Sin duda, mediante el recurso literario los autores aplican una visión estético-literaria que en algunos casos implica una revisión de la historia de la mentalidad de los curas, su psicología y sus actitudes. Por ejemplo la actitud del cura enamorado.

En la figura del sacerdote enamorado se manifiesta esta alusión a la incapacidad que tanto preocupaba a Gregorio Nacianceno. La vida terrena de estos curas se hunde en la fealdad, lejos de los límites divinos. Como el padre Amaro recreado por Eca de Queiroz en El crimen del padre Amaro, imagen de un hombre perverso y ambicioso que finge una vocación que no tiene; cuyos estudios, ayunos, penitencias podían domar su cuerpo, darle hábitos maquinales, “pero dentro los deseos se agitaban como un nido de víboras”. Amaro rumia de odio y venganza porque un “miserable escribiente” le arrebata a la muchacha y lamenta no vivir en los tiempos de la Inquisición para denunciarlos. Dominado por las pasiones y un amor malsano, Amaro desembocará en su descomposición moral.

Así como Eca de Queiroz ha sabido mirar la realidad del cura sensual, Leopoldo Alas Clarín, en La Regenta, supone desentrañar esta imagen reveladora al describir lo que Fermín de Pas experimenta:”Qué cosas tan nuevas, o, mejor, tan antiguas y tan olvidadas estaba sintiendo”. Clarín muestra que nos son precisamente tristezas místicas las que angustian a De Pas, cuyos pensamientos dejan entrever la intención prohibida y la debilidad de valores morales, al recordar a Ana de Ozores. Y qué decir de Juan Valera que en Pepita Jiménez también cuestiona la vocación religiosa y exhibe la lucha de amor de un seminarista postulante a cura, quien finalmente sucumbe a los encantos de una bella andaluza.

También destaca la conmovedora historia de Emilio Zola en El pecado del abate Mouret. Es la historia de Sergio Mouret, cura de Provenza, quien al visitar un enfermo para procurarle auxilio espiritual, sufre un ataque epiléptico que lo mantiene por un tiempo en la casa de Albina, con quien vive una singular historia de amor; recuperado volverá a su iglesia repudiará ese amor, ya que lo considera un “pecado” que pertenece al intermezzo psíquico que sufrió; su actitud causará el suicidio de la amante.

El padre Antonio es otro sacerdote literario en abierta confrontación con su vocación y las reglas de la Iglesia que representa; persigue por las calles de Roma la ocasión de una aventura amorosa. Luego vendrán los latigazos con el silicio para evitar culpas y encerrar sus soledades. Todo pasa en Los peces de Sergio Fernández. También el padre Chel, rotunda imagen del cinismo, deja entrever una actitud prohibida y debilidad de valores morales; surge de un devaneo poético de Hernán Lara Zavala en De Zitelchén. Consecuente con el talante de los sacerdotes, Chel reclama: “Que nadie me denigre al triste papel de seductor lascivo cuando he sido tan solo un hombre que ama la justicia y la caballerosidad”. Quizá, sólo se trata de dualidades.

La figura del cura enamorado ocupa la atención de varios escritores, entre ellos Benito Pérez Galdós, que en las novelas Doctor Centeno y Tormento, desarrolla la imagen del padre Polo, un hombre inescrupuloso, cuyas aprehensiones económicas familiares vencieron la repugnancia y le fingieron una vocación que no tenía; sin embargo: “cantó misa”. Polo, arrastrado por la pasión y la ambición, vive un amor clandestino con Amparo Sánchez Emperador, quien pertenece a una esfera social distinta a la del sacerdote. Galdós reaparece a su personaje en Tormento. Ahí desarrolla la historia de un amor egoísta, lleno de maldad. Polo se niega a admitir el compromiso de su antigua a mante con el indiano Agustín Caballero. Víctima de su enfermiza pasión, persigue a Amparo y no descansa hasta que consigue destruirla.

Es evidente que la literatura en su largo camino desacraliza la figura “santa” del cura y lo presenta debatiéndose entre la tierra y el cielo; lo muestra humano, demasiado humano; y plantea una realidad: todo hombre lleva consigo, como decía Unamuno, los Siete pecados capitales. La ficción revela a una persona que sacrifica su yo con algo genérico por una función social; que transforma su yo individual y lo deposita en una nueva figura colectiva, cuyo comportamiento se maneja con una ética. Cierto, el sacerdote se forja a lo largo de su vida, conforme a un canon, una personalidad religiosa, pero en el fondo de su existencia subyace otra vida nebulosa, ahogada por un deber ser, que muchas veces desemboca en trastornos psicopatológicos, como el caso del padre Polo. Este esquema se viste de humanidad, con tintes sublimes, poéticos, que permite asomarse al interior de la imagen de un sacerdote el cual se percibe escindido entre una voluntad humana y un plan divino. Por eso surgen las preguntas: ¿cómo conciliar los límites de su situación si es habitante de la tierra pero vive con los ojos puestos en el cielo? ¿Se visualiza elegido de Dios? ¿Comprende el misterio del universo y el de su propia conciencia?

No cabe duda de que la literatura aproxima a los lectores la observación del estado anímico y profundidad psíquica del sacerdote representante de Dios en la tierra al mismo tiempo que se desempeña como de legado oficial de una institución que se tambalea. Graham Green en El poder y la gloria crea un personaje laberíntico, perseguido, esclavizado al disimulo, al alcohol y a la mentira; la Curia Romana condenó este texto al Índice de los libros prohibidos, porque consideró que el retrato de ese cura era un escarnio infamante para la santidad el estado clerical. También André Gide, con desbordada imaginación, expresó esta contradictoria complejidad en Los sótanos del Vaticano al señalar: “en quién podía uno confiar sino en el Papa. Si cedía aquella piedra angular… nada merecía ya ser verdad”. Intricada solución que hace conjeturar –desde la perspectiva de Gide- que la abstención del Papa en asuntos delicados suponía también una culpa.

Sin pretender reducir la interpretación de los textos citados a un canon convencional de angustia existencial, sino de acotar la coincidencia de un tema, no parece también ajena la fantástica evocación literaria que arroja luz a cerca de la amistad de sacerdotes católicos con adolescentes. Es curiosísimo constatar la asombrosa frecuencia, casi obsesiva, de este vínculo en la literatura. Basta un ejemplo: dos novelas de las postguerra civil española: Réquiem por un campesino español de Ramón J. Sender y El cura del Almuniaced de José Ramón Arana; ambos autores, por otra parte, desarrollan, con manifiesta devoción por la palabra, otros matices imaginativos, tan importantes como denunciar la represión de la dictadura de Franco y la vergonzosa actuación de la Iglesia católica. Sin embargo, desde otro ángulo, incitan a plantear el tema de la pederastia en dichas novelas. En fin, en este punto no cabe sino recordar que la ficción es un a realidad que se crea y, al mismo tiempo, reafirmar que la imagen del sacerdote católico en la literatura “nada” tiene que ver con la realidad, sino que tal figura constituye sólo una visión poética, de una variada fauna humana que se acoge a la religión, como último refugio de sus desdichas o como medio expeditivo para satisfacer pequeñas y grandes ambiciones.

lunes, 17 de mayo de 2010

domingo, 16 de mayo de 2010

TAN CERCA Y SIN PODER TOCARTE


Soy Yo, con el anhelo de comunicarme contigo y compartirte todo lo que he escrito, o parte de ello.

Quiero que conozcas este Blog de Poesía, ya que es ella la que me trae los mejores momentos de vida.

¡COMPÁRTELA! con todos los posibles lectores.

Las experiencias que plasman estas líneas son momentos álgidos de mi pequeñez.

Soy Yo y quiero que también Tú lo seas, se Tú en la medida de tus posibilidades, enfrentando tu mayor límite: el futuro.

Hoy te presento esta poesía como la esperanza del futuro.



CARTA A DIOS


Dios, presente.

Dios, hace mucho que no te hablo.

Dios, hace mucho que no te rezo.

Mas no te des por enfadado, ya que de niño, aunque engañado, te dediqué demasiado de mi tiempo.


Mas ayer, cuando ví a mi pueblo ante tu altar, ¡de rodillas suplicante!, ayer que lo vi con las rodillas lastimadas para llegar a Tí cumpliéndote una manda. Ayer que lo vi pobre y mascilento, ¡sin haber comido!, pero a tus piés postrado. Ayer, me decidí a escribirte esta carta.


¡Te la pongo en papel para que no la heches al olvido!, como haces con las súplicas del pueblo. Supongo que debes tener mucho trabajo, pues muchos son los que gimen y se quejan. Pero, por favor, no la mueles, y dinos que nos es cierto.


Señor: ¿de qué lado estás? ¿Con los ricos?, ¡o con nosotros!

Si deveras estás con nosotros, aclara que no recibes nada de la limosna de la Iglesia; denuncia que éstas se usan para que los curas sigan aumentando sus barrigas, para que sigan viviendo en la opulencia, para que sigan adornando sus casas: las iglesias.


Aclara que muchos de los que se dicen representantes tuyos en la tierra, ¡son basura!, de esa que no sirve ni para abono; que son seres humanos que comercian y aprovechan tu nombre para vender bonos de salvación, bonos guadalupanos que Tú no haz autorizado.


¡Aclara tu posición!, y saca un desplegado en el periódico.

Explica que no es cierto que Tú eliges a los Papas, que no estás de acuerdo que vivan como reyes a costa del sudor de los humanos.

Haz un llamado mundial a someter el orden; incítanos a los pobres a la lucha por lo que es nuestro; desmiente con hechos lo que dicen: pues que eres socio del Banco de Comercio.


¡Usa tu poder para difundir las ideas socialistas!, esas que están siendo crucificadas por los ricos, ¡manifíestate, pues!, del lado de nosotros.

Aclara que el infierno está en la tierra, que el azufre son jalados junto al olor de la casa del obrero. Aclara que los perros de los ricos ¡son perros! y es injusto que uno de ellos coma más que toda una familia de los pobres, y que esa injusticia existe no porque Tú quieres, ¡sino porque hay aquí, en la tierra, un infierno creado por la explotación del hombre por el hombre!


¡Dinos que nos es cierto que hay que sufrir aquí en la tierra para ganar el cielo! Que al contrario, que con lucha, con trabajo y con justicia tenemos que convertir la tierra en paraíso, ¡sí!, en paraíso, en una parte del cielo.


Cuando hagas todo esto, volveré a creer en tí, porque ahora, discúlpame, pero ya no te creo.